jueves, 5 de marzo de 2009

Oído subjetivo: Los discos que más me gustaron del 2008 (2ª parte)

Lo prometido, la segunda (y última) parte de los discos que más me gustaron del 2008. Espero sus opiniones, puesto que este es un ejercicio subjetivo en grado supino. Haciendo click AQUÍ se pueden bajar los temas que destaqué de cada álbum en las reseñas.

Joe Bonamassa – Live From Nowhere in Particular

Los discos de estudio que lo posicionaron como uno de los mejores guitarristas de blues contemporáneos, hacen que el segundo álbum en vivo se convierta en una cereza para los seguidores del músico. Y es que escuchar el virtuosismo de este Bonamassa maduro en un disco doble de una selección exquisita de temas es realmente una experiencia, por lo menos, orgásmica. La influencia lleva al guitarrista por caminos que conducen al rock progresivo de Jethro Tull y a los sonidos tribales de Taj Mahal, sin abandonar nunca un blues que entiende desde el Walking hasta el Shuffle, pasando por el Rhythm & Blues y los sonidos del Delta (la versión de “High Water Everywhere”, de Charlie Patton es imperdible). Bonamassa relegó sus guitarras Stratocasters abocado a un sonido Les Paul, que pone en evidencia en este álbum doble, que además se permite incluir pianos que complementan magníficamente el talento del guitarrista con las seis cuerdas. La ascendencia italiana del músico se mixtura con los glóbulos rojos que conservan el recuerdo indeleble de los negros que derramaron su sudor en los campos de algodón de New Orleans, de Chicago, y su sangre en las aguas verdes del delta del Mississippi. La Gema: “Asking Around for You”, una epifanía reconfortante ante la perdida, ante el dolor. Maravillosa, emocionante, conmovedora.

Los 7 Delfines – Carnaval de Fantasmas

Richard Coleman es, quizás, el ultimo artista de culto de eso que algunos se empeñan en llamar Rock Nacional. Vanguardista desde el primer acorde grabado con L7D nunca abandonó un ambiente under del que no reniega, sino más bien, en el que se siente cómodo y desde el que logró atacar a fuerza de novedades sonoras, oídos mal acostumbrados. “Carnaval de Fantasmas” es el séptimo disco de la agrupación, producido por su líder, quien a pesar de afirmar que es “el mejor álbum de la banda” no logró superar al místico “Nada Memorable”. Un disco que se escuchará a todo volumen, aunque los años pasen. La Gema: “Horas”, una experiencia temporal post-ruptura, absolutamente tortuosa que lleva el sello de un Coleman que herido, logra sus mejores canciones. Un ensayo sobre la incertidumbre.

R.E.M. - Accelerate

La banda liderada por Michael Stipe, nunca eligió un mujer título para un álbum, desde el primer acorde de la optimista e hiperquinética “Living Well is the Best Revenge”, los R.E.M transitan un camino vertiginoso sin frenar en ninguna curva. Los sonidos eléctricos priman en un disco repleto de decibeles y con la riqueza poética que caracteriza a la lírica de la agrupación. La Gema: “Supernatural Superserious”, un riff irresistible para arrancar con una canción que viaja a momentos pretéritos, experiencias adolescentes en tercera persona, que tan sólo publican las entrañas de un Stipe siempre visceral.

Jeff Healey – Mess Of Blues

“Mess of Blues” bien podría ser el canto del cisne de un gran músico. Jeff Healey falleció poco tiempo después de terminar de grabar este disco en vivo glorioso, alimentado a base de Blues, de solos exquisitos y versiones que habría que glorificar. El comienzo del álbum, con las versiones de “I’m Tore Down” de Freddie King y “How Blue Can You Get” de B.B.King, dos grandes homenajeados por un músico colosal, abonan el terreno de lo que vendrá: un disco impecable, indispensable en cualquier discoteca de quien se considere amante del Blues y el Rock & Roll más clásicos. Dios bendiga a Jeff Healey. La Gema: “How Blue Can You Get”, uno de los mejores temas del rey, en una de sus mejores versiones. En la categoría “debe escucharse”, sin dudas.

Nick Cave and the Bad Seeds – Dig, Lazarus, Dig

El nuevo álbum de Nick Cave, músico fluctuante e pesado referente del movimiento Indie de la década del 70, vuelve a demostrar que de un tiempo a esta parte, no hay una receta para hacer un disco de rock. Alejado de los convencionalismos, se transforma nuevamente en un científico sonoro, experimentando con samplers y percusiones electrónicas (“Night Of The Lotus Eaters”) el australiano hace de su último disco una ensalada muy poco armónica, pero con un alto –y bienvenido- nivel de decibeles. Su visión misántropa del mundo, se revela en el nombre del disco, que invita a un resucitado Lázaro, a cavar lo más rápido posible para escapar de esta sucursal del infierno que llamamos Tierra. Un Nietzsche pixelado. La Gema: “Today's Lesson”, quizás el tema más rockero de todo el álbum, y la mejor interpretación vocal de Cave en mucho tiempo.

The Raconteurs - Consolers of the Lonely

El proyecto paralelo de Jack White no había encontrado en su primer disco demasiados fundamentos. La música era buena, pero se parecía demasiado –salvo por el bajo y algún teclado extraviado- a White Stripes- Es por es eso que este segundo álbum le da sentido a la existencia de The Racounteurs. Los 14 temas cobran entidad propia, declarando su día de la independencia del binomio de garage rock que los precede y al que indefectiblemente estarán ligados. Jack White continúa siendo una máquina de hacer riffs, fabricada en Detroit, y el resto de la banda suena con una fuerza que por descontrolada, nunca pierde el control. La Gema: “You Don’t Undertand Me”, balada minimalista con un sello inconfundible. La progresión de acordes en el piano tan sólo es soslayada por la profundidad vocal de Jack White, una de las mejores canciones del 2008.

Magic Slim & The Teardrops - Midnight Blues

Magic Slim es uno de los clásicos. Junto a Buddy Guy, B.B.King y un puñado más de artistas, es quizás el último guitarrista negro de blues que nos queda. Junto con su banda “The Teardrops” (nombre cuyo significado nos lleva a significantes acertadísimo para el imaginario blusero) vuelve a la carga con un disco clásico, sin pretensiones experimentales, que entrega 13 canciones de puro Blues y Rock&Roll. Un maestro que influenciará a generaciones de músicos, por los siglos de los siglos. Un disco impecable, estupendo, imprescindible. La Gema: “Carla”, un blues en el que el interminable Magic Slim, hace gala de la potencia de su voz, del virtuosismo con su guitarra y de lo mucho que comprende el Blues, y eso de los corazones rotos.

Eric Sardinas - Eric Sardinas & The Big Motor

Un aroma a ZZ Top impregna la última producción del buen guitarrista Eric Sardinas. Junto a su banda The Big Motor, vuelven al ruedo con un disco explosivo, de un Hard Rock interesante, que coquetea con el Blues y encuentra en la distorsión y el slide sus herramientas favoritas. Un disco que invita a bailar. La Gema: “As the Crow Flies”, tema que cierra el disco pero que abre la puerta al mejor Sardinas, que deslumbra con su guitarra slide acústica para luego dar paso a la electricidad que prima en todo el trabajo, y que es el corolario para un muy buen álbum.

martes, 17 de febrero de 2009

Cambiar el mundo

Los románticos integrantes de aquel movimiento artístico reconocido como La Nouvelle Vague sostenían (con cierto desdén) que la realización de una película excedía meros recursos técnicos y estéticos, las líneas narrativas iban más allá de un clásico esquema de introducción-nudo-desenlace y su contenido, era un arma que bien utilizada podía romper estructuras y transformarse en un bastión contracultural inquebrantable. De hecho, el mismísimo Jean-Luc Godard afirmó en su iluminada década del 60: “hago cine para cambiar el mundo” por lo que tejer elucubraciones en torno a los dogmas de los realizadores integrantes de esta corriente sería en vano.

Y es cierto. El séptimo arte –sostenido en el valor de su registro documental- es un elemento de denuncia capaz de hacer tambalear los cimientos más sólidos. El hombre, los cineastas, los artistas, están capacitados para modificar su visión de un mundo injusto, sin que esto implique dejar de ver en el cine un medio de expresión ungido de otros fundamentos.

“Changeling”, la última película de Clint Eastwood tiene esa tónica denuncista. Al innegable aroma documental que impregna la cinta, se suma un argumento trabajado en pos de reflejar una sociedad cuyas instituciones han sido vencidas por una corrupción sostenida por oradores sofistas y uniformados de celoso y célere gatillo.

La película gira en torno a un hecho ocurrido en Los Ángeles en la década del 20. El hijo de Christine Collins –una madre soltera interpretada por Angelina Jolie- desaparece misteriosamente, llevando a la policía local a una búsqueda no demasiado exhaustiva, realizada por efectivos duchos en el arte de disparar primero y preguntar después. No obstante, esta fuerza policial devaluada, encontró en el caso Collins un salvoconducto, un recurso perfecto para poner paños fríos a una reputación al borde del colapso. La opinión pública puede ser letal y es mejor tenerla como aliada, por eso, urdieron una historia fantástica: darle a la mujer un hijo que no era el propio, argumentando que su desequilibrio mental no le permitía reconocerlo.

En épocas ayunas de psicofármacos, la excusa parecía perfecta y así, un sistema apestoso tomó los recuerdos de la mujer utilizándolos como si se tratasen de una "tabula rasa", de una hoja en blanco, de arcilla virgen presta a ser moldeada por sus manos nerviosas y apremiadas por encontrar un caso exitoso, sin esperar que el espíritu materno mute en una suerte de ángel vengador, tan tosco como persistente.

La batalla de Christine Collins por encontrar a su hijo, luchando contra un engranaje municipal repleto de artimañas arteras, se transformó en una situación más extraña que la ficción, por citar una frase hecha, que terminó por derrumbar un imperio escrito con sangre, y que Clint Eastwood refleja con maestría en la pantalla grande, guiado por un guión maravilloso de Michael Straczynski, tradicional desde lo narrativo, pero de un contenido tan rico como destacable.

Eastwood se ha encargado de demostrar en sobradas oportunidades que es un director soberbio, capaz de generar películas de una terminación destacable, con montajes asombrosos y planos de una belleza estricta a los fines de la narración. La cinta fluye a lo largo de sus más de dos horas de duración y en ningún momento decae en su dramatismo. La ambientación es soberbia y Angelina Jolie se aleja con inteligencia de la Femme Fatale que el público se acostumbró a recibir, generando un personaje perfectamente configurado, que no necesita de la innegable belleza física de su intérprete para cobrar entidad. Angelina tiene en Changeling su papel definitivo, ese que la consagra como una actriz dramática con todas las letras y que la eleva lejos del encasillamiento de Action Girl al que parecía estar encadenada. Su interpretación no tiene fisuras y genera una empatía absoluta con un espectador que se sumerge en los mares convulsos que propone la historia.

La película pone sobre la mesa un cuerpo diseccionado, para que un público curioso y reflexivo lo inspeccione y encuentre en él, aristas que quizás puedan equipararse con situaciones cotidianas. La cinta denuncia, moviliza y muestra las miserias humanas en su grado más supino, sin una intención tendenciosa o misántropa, sino revelando el contraste existente entre quienes luchan con bravos mares por lo que consideran justo, y aquellos que navegan en la parsimoniosa de las calmas, sin imaginar que un maremoto llamado justicia puede desencadenarse en cualquier momento.

jueves, 15 de enero de 2009

Oído subjetivo: Los discos que más me gustaron del 2008 (1ª parte)


La idea de este post es compartir con ustedes los discos que más me gustaron del 2008. Esta es la primera parte, compuesta por 8 de ellos, elegidos por los meros designios de la subjetividad. Los invito a que ustedes también me cuenten cual fue la música que dejó el año, que más los conmovió, por el motivo que fuere.

Buddy Guy – Skin Deep

Buddy Guy es quizás el último icono vivo del blues de Chicago que nos queda. Guitarrista virtuoso, showman eléctrico y cantante endemoniado, grabó entre 2006 y 2008 dos discos de estudio impecables, evidenciando nuevamente su imperecedero talento. El sucesor de “Bring Em In” es “Skin Deep”, un álbum que continúa con la tendencia de Guy de compartir las grabaciones con otros artistas de renombre y extremadamente talentosos, que no limitan su papel al de “músico invitado”, sino que tienen evidente incidencia en el sonido del disco. Una propuesta netamente blusera y absolutamente recomendable. La gema: “Lyin’ Like a Dog”, un tema con el espíritu de Stevie Ray Vaughan rondando en cada cuerda estirada, en cada lamento proferido.

Taj Mahal – Maestro

Ecléctico por definición, Taj Mahal se ha transformado en un músico y hacedor de músicos. Inspiración, consejero y creador de un estilo, el nombre de este disco esta lejos de la autoindulgencia y muy cerca de ser un acto de justicia divina para un artista de una trayectoria tan extensa como prolífica. “Maestro” es un disco que establece con el Blues un concubinato, pero no un matrimonio. Ska, Reggae y sonidos tribales africanos, se intercalan en una placa estupenda. La gema: “Scratch My Back”, una versión imposible de no bailar de un tema clásico, realizado –entre otros- por artistas como Slim Harpo y Otis Redding. Esta versión, cuenta con una sesión de vientos arrolladora y un saxofón que opaca todo lo que deja vivo en un radio de dos kilómetros. Imperdible.

B.B.King – One Kind Favor

El Rey del Blues sigue grabando discos con 86 años en sus espaldas y su mítica Lucille en sus manos. El fuego sagrado que arde dentro de su víscera más blusera no se apagó con los años, aunque es cierto que los ciclos del rey fueron fluctuantes, entregando discos maravillosos y experimentando duetos no demasiados felices con artistas tan variados, como desorientados ante los intrincados caminos de los blues. One Kind Favor es quizás el mejor trabajo de este B.B.King versión 2.0. Con Dr. John en el piano y una banda de la hostia a sus espaldas, el guitarrista conformó un disco que hace honor a la leyenda, llenando los oídos de acordes menores y sonidos gibsonianos, de Mississippi a nuestros bulbos raquídeos, sin escalas. La gema: “Waiting for you call” una perlita que recuerda a clásicos como “Nobody Loves Me But My Mother” y que tiene impresa a fuego la tónica del maestro, corazones rotos y pedidos desencajados de respuestas, a un cielo que no protege, pero cobija.

AC/DC - Black Ice

Sin experimentar demasiado, los hermanos Young se ataron a una formula en la que se sentían cómodos, y comenzaron a desandar las andanzas de la que quizás sea la última gran banda de Hard Rock del mundo. AC/DC ya había demostrado encontrarse intacta con su anterior disco de estudio “Stiff Upper Lip”, por lo que “Black Ice” tan sólo sirve para confirmarlo. Electricidad pura, desde el primer al último tema, con un Angus Young genial y una banda que funciona como el más aceitado de los motores, sin fisuras, avanzando arrolladora como un tren con una pesada carga de rock and roll. Dios bendiga a AC/DC y les dé cuerda para que sigan editando discos como este. A aquellos por rockear, los saludo. La gema: Big Jack, potencia pura y una letra plagada de transferencia, la historia de tipo difícil, que no podemos evitar nos caiga simpático.

Winston Marsalis y Willie Nelson - Two Men with the Blues

Willie Nelson tiene la extraña cualidad de rodearse siempre por músicos geniales. No es un músico virtuoso, pero lo compensa siendo un gran artista. En este caso se une al trompetista Winston Marsalis para grabar un disco de blues standards, con un sonido que recuerda de a ratos al jazz de las big bands de la década del ’50 (justo antes que Charlie Parker revolucionara todo con el BeBop). Este recorrido deja al trompetista demostrar que todavía existen vientos de la vieja escuela y le permite al resto de la banda deslumbrar con su pericia a bordo de sus instrumentos. Un álbum de momentos, exquisito e imperecedero. La gema: “Bright Lights, Big City”, impresionante versión de la que es para mi la mejor composición del maestro Jimmy Reed. La trompeta de Marsalis cobra vida, en esta oda de un enamorado urbano.

Los Fabulosos Cadillacs - La Luz del Ritmo

Muchos miraron de reojo (me incluyo) el regreso como grupo de los Cadillacs. Pero no hay con que darle, cuando una banda fue buena, no tiene fecha de vencimiento. Lo demostró Soda (por citar un ejemplo cercano) y otros tantos alrededor del globo. “La Luz del Ritmo” bien podría ser la excusa perfecta para que la cantidad de billetes sea aún mayor, pero las versiones de los temas clásicos (perlas como El Genio del Dub y Los Condenaditos) son atinadísimas y los temas nuevos están a la altura de la circunstancia. Un regreso que celebro, con la esperanza de escuchar pronto discos de la complejidad de “Fabulosos Calavera”, y temas que invitan a moverse, pero que tienen en sus letras corrosivos mensajes de libertad, de angustia, de amor y de muerte. La gema: “El Fin del Amor”, ¿qué decir? un clásico instantáneo.

Oasis – Dig Out Your Soul

Siempre se castigó a los hermanos Gallagher con el látigo del plagio. No obstante, yo creo que el peso de las grandes bandas británicas sobre ellos (empezando por The Beatles) es una influencia ingente, de la que nunca renegaron e incluso lograron alejarse en algunas de sus mejores creaciones. “Dig Out Your Soul” es el disco nuevo de la banda, pero no uno más. La placa esta llamada o no pasar desapercibida (como pasó con “The Masterplan”) con muy buenas canciones como principal argumento. “Bag It Up” abre el disco como abonando el terreno de lo que vendrá, canciones con vida propia e independientes de un álbum que no pretende en ningún momento ser un trabajo conceptual, sino un conjunto de muy buenas canciones. La gema: “Waiting for the Raptures” cantada por Noel Gallagher, un tema con una potente base de bajo, que muestra la influencia de The Doors en la banda, (sino, escuchar “Five To One”, y pensar siempre en la influencia, por sobre todas las cosas)

The Verve – Forth

The Verve fue uno de los regresos más celebrados del 2008. Y la banda de Richard Ashcroft no podía sino sacar uno de los mejores discos del año, por lo que ya habían demostrado como grupo anteriormente, por el peso individual de cada uno de sus músicos y por tener al frente a un genio creativo como el flaco inglés, un talento incapaz de reciclarse. Y así fue, con “Forth”, los Verve demostraron una vez más que solamente es cuestión de tiempo para que se superen a ellos mismos y editen un álbum incluso superior al descomunal “Urban Hymns”. La travesía sonora comienza con “Sit and Wonder” y se prolonga hasta “Love is Noise” un experimento electro pop que invita a bailar guiados por un coro de samplers interminable. Quizás lo único que pueda reprochársele al disco es que Ashcroft no se haya animado a mostrar sus entrañas en las letras, como lo hizo en trabajos pretéritos. La gema: “Rather Be” una canción de una belleza poética envidiable, y un sonido que recuerda a los mejores momentos del disco anterior de la banda.

martes, 30 de diciembre de 2008

Figuras Estelares

Muchos de ustedes saben por donde viajan mis gustos musicales. No obstante, esta cuestión del periodismo me obliga a asomar a bandas que probablemente nunca hubiese escuchado por "Motus Propio" y que sin embargo traen consigo experiencias agradables. Les dejo la nota que escribí para el diario sobre el show que la banda Estelares, dio en la ciudad de La Banda, Santiago del Estero, hace un par de semanas.

Estelares iba a presentarse por primera vez en la provincia. Eso era motivo suficiente para acercarse hasta Iconos Pub para, aunque sea por curiosidad, presenciar y escuchar la propuesta del grupo oriundo de La Plata, quizás una de las apariciones más rimbombantes en la escena del rock contemporáneo, dentro de la cual gozan ahora de una masividad algo mentirosa, que oculta detrás cuatro discos y una infinidad de conciertos.

La noche comenzó con la presentación de los marplatenses Desireé, un grupo de músicos jóvenes que enarbolan la bandera del rock stone como principal argumento. El show de la banda recorrió temas de su autoría y algunas versiones de la agrupación Guasones (que a juzgar por el nombre, el sonido y la estética, son los mentores de la banda) sin embargo, el punto más alto se dio con una muy buena versión hard rock del clásico cuarteto de Rodrigo “El Viaje”.

La gente acompañó el telón con un entusiasmo mesurado, concientes de que el plato fuerte estaba por llegar. Sin embargo, la espera se prolongó un poco más de lo previsto, aumentando la ansiedad de un público que copó el escenario montado en Iconos Pub, un reducto que alberga cada vez más y mejores artistas y que se ha convertido en una alternativa interesante para los músicos locales.

Cerca de las tres de la mañana, Estelares subió a escena, abriendo el show con dos temas de su último disco: “Eléctricos Duendes” y “Las Vías del Tren” (justo de cara al viejo ferrocarril bandeño) canciones sostenidas por riffs potentes, y matizados con letras de un contenido interesante y mucho más elaborado que el de los cortes de difusión del disco. A partir de allí, el cuarteto –transformado en sexteto sobre el escenario- alternó temas de su placa "Sistema Nervioso Central" con viejas canciones. Sin demasiados rodeos, blandieron la canción más pura como principal argumento, generando un show uniforme y lineal pero pleno en intensidad.

A lo largo de la noche siguieron “Ella dijo”, “Un show” "Aire" y “200 monos”. Las canciones se sucedieron sin interrupciones, su cantante y líder, Manuel Moretti, no realiza ostentaciones innecesarias, actitud que tan sólo contribuye a la calidad de un show perfectamente configurado.

Hacia el final del recital, la banda realizó un pequeño intervalo, tras el cual regresaron para interpretar las mejores canciones de su último disco. Así, sonaron “El Corazón Sobre Todo”, una hermosa canción que rememora los avatares de un amor pretérito, “Luxemburgués” y “Campanas”, para un cierre a pura energía con el archiconocido “Un Día Perfecto”.

El sonido de Estelares en vivo evidentemente se ha ido perfeccionando a lo largo de los años. Y es que la agrupación suena a esta altura como un engranaje muy bien aceitado. Las guitarras se complementan a la perfección con un bajo sólido y una batería violenta pero terriblemente precisa, que le dan a la banda un sonido con reminiscencias al rock de bandas como Talking Heads , pero edulcorado.

Los años en las rutas parecen haberle permitido a Estelares generar una tónica propia e identificable. Su cantante y líder tiene en claro que la intención primaria de la banda es escribir canciones con una impronta reconocible, sin demasiadas pretensiones más allá de reflejar emociones a través de una lírica destacable, sencilla pero no por eso menos efectiva y estéticamente loable. Un párrafo aparte merece la producción de un evento que promete ser el primer de muchos por venir en la provincia, y que hacen esbozar a una sonrisa a los muchos santiagueños que gozan de la buena música en vivo.

lunes, 15 de diciembre de 2008

La Torre de Babel

“The Argentine” es la primera parte del largometraje que el director Steven Soderbergh filmó sobre la Revolución Cubana, etapa histórica que centró argumentativamente en la figura de Ernesto “Che” Guevara.

La cinta recorre el primer tramo de la lucha de la guerrilla compuesta por el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, contra la dictadura de Fulgencio Batista, deteniéndose justo antes del ingreso del grupo insurgente en La Habana. La segunda parte -terminada y a estrenarse- se llamará justamente “Guerrilla” y relatará los acontecimientos vividos en la capital cubana los primeros días de 1959, y los posteriores años en la vida del líder revolucionario argentino, hasta su muerte en Bolivia.

Quienes hacen posible el largometraje conforman un verdadero crisol de razas. El director norteamericano, eligió al puertorriqueño Benicio del Toro para encarnar al médico y político argentino, que comparte cartel con el mexicano Demián Bichir como un joven y locuaz Fidel Castro. Además, hay un desfile interminable de diplomáticos, políticos y periodistas de todo el mundo, que le dan un tono particularmente global a la filmación, no por su mera diversidad de nacionalidades, sino por la exposición constante de ideas antagónicas, o no.

La Torre de Babel, aquel reconocido pasaje bíblico en el que los hombres intentan alcanzar el cielo provocando la ira de un Dios que modifica sus lenguajes haciendo que reine la confusión, bien podría enmarcarse en este vodevil cosmopolita. Y es que los acentos dispares, llaman al barullo y se tornan bastante fastidiosos. Fidel por momentos, suena mucho más argentino que un Che de un marcado acento centroamericano, que sazona su diálogo con expresiones del lunfardo vernáculo que suenan irremediablemente forzadas. No obstante, el voto de confianza en torno a la interpretación de Del Toro, tiene fundamentos en la vida nómade de un Guevara que no se caracterizó por quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, y por una solvencia actoral ya demostrada en otros trabajos.

Sin embargo, y a pesar del revoltijo léxico, la deuda principal de la película pareciera la carencia de una mirada introspectiva en torno a la figura histórica del Che. Si bien se refleja con bastante éxito los pasajes de la revolución, dejando entrever de a ratos destellos de la idiosincrasia y el temperamento de Guevara, asomar a su verdadera naturaleza pareciera ser una cuenta pendiente para el guión. Los muy bien logrados segmentos en los que el argentino representa a Cuba en las Naciones Unidas, son quizás los picos más altos de la cinta, trazando éstos un panorama más que interesante de una época particularmente convulsa desde lo político, donde además se evidencian los numerosos movimientos antirrevolucionarios, enarbolados por países latinoamericanos guiados por el titiritero maestro ubicado en el extremo norte del continente.

Por otra parte, las loables intenciones del guionista de no enaltecer hasta la divinidad al Che, surten efecto. El espectador en ningún momento se solidariza con la causa cubana, más allá de su orientación política, y la película no busca alinearse con la revolución o instalar sobre lo hombros de Guevara una investidura mesiánica. Obviamente, algunos pasajes pretenden abiertamente destacar ciertas aptitudes del protagonista central, un cliché del que Hollywood rara vez logra desprenderse.

La película cuenta con una ambientación maravillosa y destacable. El vestuario destaca por su fidelidad y la caracterización de los revolucionarios es definitivamente destacable. Estéticamente es una producción más que correcta, aunque evidentemente no sea este el fin último de los realizadores.

Resta esperar la segunda parte, que complete la saga y de consistencia a una empresa arriesgada de un director que ya ha demostrado con anterioridad su pericia para llevar adelante grandes guiones, pero que por primera vez se topa con una historia real, con un bagaje político y social que continúa siendo tema de debate a pesar del paso de los años, y que refleja el comienzo de una dicotomía ideológica que rige el mundo moderno.

martes, 9 de diciembre de 2008

Los Cadillacs: igual que antes, mejor que nunca (*)

La clásica sesión de vientos fue la encargada de encender el fuego sagrado. Con los acordes de “Manuel Santillán, el león”, Los Fabulosos Cadillacs salían al escenario montado en el estadio Chateau Carreras, apenas media hora después de lo previsto, sin demasiadas ostentaciones, con paso cansino y mesurado, alejados del mentado estilo Rockstar.

De frente a un público frenético contemplaron el cielo durante un instante, con los brazos cruzados en sus espaldas, en una escena que reprodujo simbólicamente una suerte de homenaje para un protagonista ausente en este reencuentro: el fallecido percusionista Gerardo “Toto” Rotblat.

Allí estaban, Vicentico, Sr. Flavio, Sergio Rotman, Daniel Lozano, Mario Siperman y Fernando Ricciardi. La formación de los Cadillacs versión 2009, viejos rostros, el mismo sonido. Tras el demoledor comienzo propuesto por un tema controversial y comprometido, continuaron con un clásico versionado a base de decibeles: “Mi novia se cayó en un pozo ciego”, canción que prolongó la fiesta, que duraría más de dos horas.

La natural parsimonia de Vicentico era compensada por la avasallante energía de Flavio y Rotman, impredecibles y carismáticos, quienes no bajaron el ritmo ni un minuto. La electricidad del comienzo dio paso a una banda más relajada, que se dedicó a repasar canciones con una impronta reagge reconocible. Así, sonaron “Estoy Harto de Verte con Otros” y “Basta de Llamarme Así”.

La intensidad dijo presente nuevamente con otro clásico de la agrupación “El Genio del Dub” y con la presentación del primer invitado de la noche, Pablo Lescano, líder de la banda de cumbia villera Damas Gratis, y productor de la versión de “Padre Nuestro” incluida en el último disco de los Cadillacs “La Luz del Ritmo”.

Quizás el momento más sensible en la noche cordobesa se dio luego del tema “Los Condenaditos” –del disco “La Marcha del Golazo Solitario”-, cuando las dos pantallas apostadas en ambos márgenes del escenario reprodujeron imágenes de Toto Rotblat, mientras dos tumbadoras sonaban sincopadas. Vicentico ganó el escenario con una suerte de diamante gigante en sus manos, dentro del cual brillaba una luz multicolor. Tras besarlo, elevo su vista al cielo y se retiró, para regresar con todos los músicos e interpretar la siempre festiva “Carnaval toda la Vida”.

A partir de allí la sucesión de grandes éxitos fue una constante. Sonaron impecables versiones de “El Satánico Dr. Cadillac”, “Demasiada Presión”, “Gitana” y la flamante “La Luz del Ritmo”, pero sin lugar a dudas fueron las composiciones de Sr. Flavio las más celebradas, y las que confirmaron nuevamente el compromiso político de la agrupación.

“Mal Bicho” hizo vibrar el Estadio Olímpico de Córdoba, tema corrosivo en grado supino, que el bajista se encargó de acentuar apuntando al público con su instrumento, simulando un fusil represor. “Yo no voy, a la guerra, a la violencia, a la injusticia y a su codicia”, cantó Vicentico, de rodillas, en la cúspide definitiva del show.

Sergio Rotman confirmó que se ha convertido en uno de los líderes de estos Cadillacs versión 2008. Además de su reconocido carisma, aportó un saxofón impecable y hasta se animó a reclamar los derechos de autor de la bellísima “Siguiendo la Luna”, en la que toco la guitarra eléctrica. Un dato aparte fue su inexplicable energía, el ex Cienfuegos, bailó durante todo el show, arengando e interactuando con el público, opacando por momento al mismo Vicentico.

La banda se despidió súbitamente pero de una manera muy poco convincente. El público no se movió de sus lugares, conciente de que quedaba mucho show por delante y de que clásicos que habían quedado afuera de la lista inicial sonarían. Y así fue: “Vasos Vacíos” hizo regresar al escenario a los músicos, que invitaron a la cantante Mimi Maura –esposa de Sergio Rotman y una de las voces más requeridas de la escena reggae/ska local- quien hizo las veces de la recordada Celia Cruz.

Tras el tema llegó “Matador”, una tormenta de percusiones y trompetas archiconocida pero no por eso menos efectiva, que hizo bailar a un público sin demasiadas pretensiones, pero que a la vez llamó a la reflexión a otros tantos, a través de una letra de una profundidad destacable, oculta bajo una instrumentación avasallante.

La recta final del espectáculo permitió disfrutar de una especie de enroque musical. Flavio se puso al frente de la banda, guitarra en mano, cediendo el bajo a Vicentico y con su pequeño hijo tocando la batería. Juntos, interpretaron un par de temas de The Clash y Ian Dury, para luego, volver cada uno a su puesto y despedirse con un “Yo no me Sentaría en tu mesa” cuyo estribillo fue coreado durante todo el recital por las más de 20 mil almas que llegaron hasta el estadio.

Los Cadillacs dijeron presente nuevamente en la escena grande del rock nacional, tras seis años, pero con una vigencia admirable. Más hermanos que antes, y con un sonido propio que tan sólo dan los años, prometen nuevos discos y giras, en lo que será el complemento del trabajo artístico de una de las bandas más representativas del Rock Nacional.

(*) Por Silvio Pratto - Enviado especial de Diario Panorama

martes, 25 de noviembre de 2008

Televisión maleva

Cuando se habla de los límites de la televisión generalmente se invocan ejemplos que llaman a la indignación como un arcoreflejo. La falta de contenidos y esa tendencia cíclica a redundar sobre el sexo como tema único y preponderante, suelen ser los reproches abonados de un público quejoso, pero consumista.

Por eso pareciera que tan sólo situaciones que rocen lo macabro son capaces de movilizar la opinión pública, y despertar ese atisbo de sensibilidad dormida de una audiencia acostumbrada a deglutir obediente todo lo que la televisión sirve en una mesa cada vez más desprovista de verdaderas proteínas.

El claro ejemplo de esto fue lo que sucedió el viernes, abriendo una polémica que se extendió a lo largo de todo el fin de semana, y que llevó a tomar cartas en el asunto a los organismos encargados de regular las transmisiones de los canales argentinos. Y es que el pensamiento centrado en los puntos de rating enceguece cualquier indicio de racionalidad, en resumen, mientras sirva para sumar, me importa un ápice sangre, tripas, o nervios alterados tras la pantalla.

Así, el Malevo Ferreyra, acorralado por una Justicia que no consideraba tal, se disparaba en la cabeza, en vivo y en directo, llevando el Reality Show a otro nivel, uno bastante difícil de igualar, es decir, equiparar esa hazaña audiovisual costaría una vida… literalmente. La gente de Crónica, fiel a sus principios, supo que tenía entre manos una pieza de colección, por eso la repetición incesante y la gigantesca marca de agua con el logo del canal, que obligó a los restantes canales, a reconocer con resignación el triunfo de su competidor. Si hasta la sorprendida periodista, recordó en medio de su crisis de nervios, mencionar con la voz quebrada que se trataba de una “exclusiva” del “único medio presente en el lugar”. Vicios de la profesión, que le dicen, ¿o mejor dicho adiestramiento?

Las reglas del juego parecen ser esas para la televisión argentina. El público come tierra y escombros, porque su majestad el rating manda y no entiende de límites. Desde la cola redonda y brillante de la modelo de turno, hasta la sangre adornando el pavimento. Desde la exposición consentida de lo privado hasta un festín escatológico. Todo vale. Todo Suma. La audiencia narcotizada no tiene capacidad de análisis, y cualquier evento signado por el impacto es bienvenido.

No existe una frontera para la televisión. Cualquier límite es rápidamente castigado con el catálogo de censura, antes de dar pie a la racionalidad mínima e indispensable que permita dilucidar cuáles recursos periodísticos podrían jerarquizar la profesión. Evitar las mieles que promete sumar ojos del otro lado de la pantalla, quizás sea el camino más arduo, pero el correcto si el deseo es sanar las heridas de un periodismo cada día más bastardeado.

Y sin quererlo, así se despidió el Malevo, como la estrella de la semana para la pantalla chica. Pistola en mano, sombrero de cowboy vernáculo y fiel a ultranza con una conducta que practicó en vida y que se llevó a la tumba. Ni siquiera la muerte consiguió arrebatarle el arma con que puso punto final a todo el asunto, y a la que se aferró hasta su último estertor.