
Silvio, ¿por qué te gustan tanto las historietas?
Es cierto -y ha sido demostrado en innumerables oportunidades- que para un director/guionista, meter mano en historias o personajes icónicos puede resultar un fiasco de proporciones. La decisión de rehacer películas como “Halloween”, “Friday the 13th” y ahora “Nightmare on Elm Street”, implica el riesgo de ser destrozados por una crítica y una audiencia que inevitablemente caerá en la enojosa comparación con la cintas originales, esas mismas que representaron el punto de partida para el género “slasher”, creando monstruos que obligaron a más de uno a dormir con la luz prendida durante su infancia.
No existe un fundamento sólido que permita comprender porque “The Hurt Locker” se llevó el Oscar a mejor película. Uno puede especular, suponer, inferir, pero de ninguna manera encontrar con certeza los aspectos que hacen de la película de Kathryn Bigelow una pieza digna de obtener una de las distinciones más importantes (aunque no más relevantes) del universo cinematográfico.
"Un Profeta" es una película estupenda. La cinta de Jacques Audiard es un deleite audiovisual. Quizás la mejor filmada de las cinco películas que esuvieron ternadas y que perdieron ante "El Secreto de sus Ojos".
La película de Claudia Llosa, pone bajo el reflector las heridas más profundas que la guerra civil dejó en las poblaciones andinas del Perú. La directora procura hacer un trabajo antropológico (pero no lo hace, pues no existe tal cosa a la distancia) situándose en un pueblo joven -esos nacidos producto del exilio de las poblaciones campesinas- desde donde retrata costumbres y formas de vida, en lo que intenta ser una radiografía cultural. La cinta hace realidad las supersticiones, apoyándose en una historia de vida que pretende ser el paradigma del sufrimiento campesino en épocas de Sendero Luminoso.
Una película como 2012 -la última producción del megalómano Roland Emmerich- es una cinta que llevará al cine tanto a ocasionales espectadores ávidos de un poco de entretenimiento de fin de semana, como a los cinéfilos más recalcitrantes, incapaces de contener esos pequeños placeres culposos que ofrece el mainstream de Hollywood.