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jueves, 30 de abril de 2015

El becerro de oro

El universo cinematográfico de la Marvel Cómics lo consiguió. Con una apuesta ambiciosa y a largo plazo logró instalarse con fuerza en el mercado popular y generar con cada una de sus producciones una expectativa inusitada una década atrás en torno a una película de superhéroes. El imaginario colectivo ahora reconoce a los Avengers y a cada uno de sus miembros, que aparecen en forma de merchandasing en todos los rincones. La "Casa de las Ideas" hizo que el grupo como conjunto se convierta en una entidad tan popular como cada uno de sus integrantes individualmente.

Y esto se debe al buen trabajo que en líneas generales se realizó desde la salida la primera parte de “Iron Man” en 2008. Con luces y sombras, el hilo conductor que condujo al resto de los largometrajes y finalmente a ese maravilloso blockbuster que fue “Avengers” siempre fue coherente desde un lugar narrativo y estético, hasta ahora. Por que inexplicablemente, en “Age of Ultron” el director y guionista Joss Whedon pretende dotar a la cinta de un clima oscuro no demasiado propio con la tónica que supo imprimir en el capítulo anterior de la saga y que recorrió en mayor o menor medida cada película de la Marvel. El resultado es un gris incierto atravesado longitudinalmente por secuencias de acción constantes e interminables con enlaces que convierten al largometraje en una elipsis de más de dos horas donde demasiados detalles del argumento son dados por supuestos en una decisión , por lo menos, poco saludable.

Lo expuesto no significa que estemos ante una mala película. Nuevamente Marvel consigue un tanque de proporciones descomunales con momentos de lograda factura. Sin embargo, la sensación general es que el espectador está idolatrando un becerro de oro, un ídolo de barro creado por la enorme expectativa creada alrededor de la cinta, excitación que puede jugar en contra si no existe la voluntad de despojarse del fanático frenesí que antecede la llegada de cada película hija de las viñetas. Así pues, una mirada menos febril seguramente nos permitirá un análisis más nutritivo, ese mismo que nos haga cuestionar lo antedicho: el clima gris, la falencia narrativa y el estancamiento de los personajes, con la salvedad de un Hulk cada vez más interesante que a esta altura ya merece una (otra) película propia que aproveche la inspiración de Mark Ruffalo al frente del gigante esmeralda, de la Visión de Paul Bettany y algo detrás, de Hawkeye.

Porque si bien el carisma del Tony Stark de Robert Downey Jr. es destacable, ya es tiempo que la franquicia encuentre nuevos condimentos, esos mismos que no consiguió con la inclusión de los gemelos mutantes Quicksilver y Scarlet Witch (aquí devenidos en experimentos por una cuestión de derechos que continúa impidiendo el cruce del universo Avenger con el de X-Men) cuyas apariciones son casi anecdóticas en un argumento centrado en la catástrofe que procede a la aparición del megalómano Ultrón, villano de turno creado accidentalmente, una forma de inteligencia artificial decidida a extinguir la raza humana con motivos poco claros y métodos confusos que sirven como excusa para el torbellino de acción que domina la más de dos horas que dura la historia.

El resultado es más de lo mismo. Una película de un montaje descomunal y recursos técnicos de vanguardia puestos al servicio del más impresionante cine de acción. Pero más de lo mismo. Pan con pan. No hay evolución alguna y la sensación es asistir a un refrito de todas las películas anteriores, lo que resulta decepcionante. “Age of Ultrón”, entonces, que prometía ser la apoteosis de la propuestas de Marvel en la pantalla grande se convierte en un mero escalón a la próxima entrega de Avengers, como bien lo delatan los últimos 20 minutos de película y el ya clásico after crédit. Solo queda esperar que el gran paso sea dado en “Infinity War”, la anunciada tercera parte del supergrupo, de lo contrario seguiremos ante un producto hijo de un mercado caníbal, que no haga honor a un medio de expresión artística tan bastardeado como la historieta.

jueves, 10 de mayo de 2012

El milenio de los superhéroes

Y finalmente llegó. Tras el largo (pero original) derrotero que antecedió a su producción y lanzamiento y que incluyó cinco películas, el largometraje de uno de los grupos de superhéroes más importantes del universo Marvel fue estrenado provocando una explosión de testosterona nerd alrededor del globo, que se traduce en una taquilla despedazada y medios no especializados haciéndose eco de una cinta de este tenor.

Hulk, Iron Man, Thor, Capitán América, Hawkeye, Black Widow, Nick Fury, Loki y su ejército Chitauri transforman la pantalla en una enorme viñeta, o mejor aún, en una página doble repleta de detalles, héroes, explosiones y embebida en la más pura energía cinética. El resultado es un blockbuster monstruoso donde la acción y la comedia van de la mano y que se sostiene no solo por un guión previsible pero sumamente dinámico, sini por una avalancha de bienvenidos FX, la interpretación de un Robert Downey Jr. que pareciera haber nacido para encarnar a Tony Stark y la excelente utilización de Hulk, personaje que los guionistas (al fin) comprendieron a la perfección, explotándolo desde todas sus aristas en un 100% y convirtiéndolo en uno de los puntos más elevados de la película.

En ese sentido, Joss Whedon dirige con buen pulso un largometraje que por previsible, no deja de ser motivo de disfrute para quienes gustan del cine de ciencia ficción y hacen del género fantástico una suerte de culto. Y probablemente es porque resulta absurdo pretender encontrar en “The Avengers” algo más que los componentes que le dan forma. Principalmente tras cuatro años de películas que sirvieron como antecedentes y permitieron trazar una idea de lo que sería el resultado final. Estamos ante una producción llamada a romper récords de recaudación y demostrar que los recursos actuales permiten que el séptimo arte refleje el contenido de una historieta, por muy descabellado que sea.

Por eso el objetivo primario que parecía perseguir la elaboración de un film tan ambicioso, probablemente ha sido cumplido. Así como la DC Comics -a través de Warner Bros- dedicó a hacer una reparación cinematográfica de uno de sus personajes emblemáticos como Batman, produciendo cintas que ya son consideradas obras maestras por motivos que he enumerado en críticas pretéritas, Marvel optó por producir incansablemente películas (alguna de una calidad irrisoria, como las dos partes de Ghost Rider) de la mayor cantidad posible de sus personajes.

Y no está mal. Si trazamos un paralelismo, algo similar sucedió en la historia de ambas editoriales. Fue DC quien a partir de 1984 tomó la lanza y publicó historietas como Watchmen, V for Vendetta o The Dark Knight Returns, entre tantas otras que marcaron un rumbo a seguir y significaron un quiebre en la manera de hacer, consumir y, por sobre todas las cosas, considerar a la narrativa dibujada. Mientras tanto, Marvel hacia lo propio pero desde otro lugar, con historias no tan explícitas pero que permiten una segunda lectura, como “Squadron Supreme” de Mark Gruenwald, sólo por citar alguna.

En ese afán comparativo -y sin la intención de que suene como un ejercicio maniqueísta- en el cine reciente de ambas editoriales ocurre algo similar. Marvel apunta sus cañones a la producción de películas que puedan enmarcarse sin dudas dentro del género fantástico. DC, se anima a alejarse (a veces) de las convenciones de ese género -sin abandonarlo, claro- aspirando a convertir sus películas en pequeñas gemas que llamen la atención de un público más crítico y adulto.

Con esta distinción hecha, se podría decir que “Los Vengadores” es una gran película de superhéroes. Pochoclo de calidad realizado si mayores aspiraciones. Una catarata de efectos visuales tremendamente logrados y puestos al servicio de un género que encuentra en la modernidad las herramientas necesarias para explotar al máximo.

Probablemente, sea ésta la primera de muchas cintas por venir, y que permitirán un análisis más estricto. Pero de lo que no hay dudas, es de que será recordada como la primera gran película basada en un grupo de superhéroes, lo cual teniendo en cuenta la extensión del camino recorrido por el séptimo arte, ya es mucho decir.

lunes, 23 de junio de 2008

¡Rompan todo!

La editorial norteamericana de historietas Marvel Comics, continúa el camino que comenzó con Iron Man con una nueva versión de Hulk. Este sendero (que evidentemente conduce a un largometraje de The Avengers) parece no presentar baches considerables hasta el momento. Lejos de las paupérrimas producciones realizadas en torno a personajes de la editorial, las dos últimas películas son francamente esperanzadoras.

Empecemos por decir que esta nueva versión del gigante esmeralda es muy superior a su opaca predecesora de Ang Lee. Realizado íntegramente por ordenador, el personaje se muestra mucho más feroz, violento, oscuro, irascible, irracional y atractivo que la sosa versión anterior, de un verde manzana que hubiese sido más apropiado para el vestido de Betty Ross, que para un monstruo de dos metros movilizado por la ira.

Edward Norton es elegido en esta oportunidad para encarnar al siempre sufrido Dr. Bruce Banner. La elección, se sabía de antemano acertada. Norton es largamente reconocido por su versatilidad, esa misma que le permite interpretar desde un neo nazi fundamentalista (América X) hasta un joven con severos problemas psicomotrices (The Score). La interpretación del fugitivo científico, es aprobada con creces, y los fundamentos se basan exclusivamente en el talento del actor.

Junto a él, se encuentran un puñado de actores de extensa trayectoria hollywoodense. Liv Tyler interpreta a Betty Ross, con una belleza que opaca preocupantemente a la actriz (algo similar ocurrió con Jennifer Connely en la película anterior) y Tim Roth junto a William Hurt conforman el binomio de villanos de turno, ambos geniales, particularmente Roth quien da forma a un fanático militar ruso curiosamente mezclado en las tropas yankees, cuya obsesión por derrotar a Hulk vence cualquier atisbo de racionalidad posible, transformándolo en La Abominación, clásico personaje que en las historietas de la bestia verde repartió sopapos a diestra y siniestra, y que finalmente llegó al cine en un acto de extrema justicia.

La cinta está plagada de guiños para los fanáticos. Desde la clásica aparición de Stan Lee, pasando por detalles más finos como la negativa de Edward Norton a utilizar el clásico pantalón violeta (el mismo que Hulk utilizó en los cómics de la década del 60) o un pequeño papel interpretado por el mítico Lou Ferrigno, el mismo que pintado completamente de verde, encarnaba al coloso esmeralda en la recordada serie televisiva, a puro músculo y sin complementos digitales.

Y por supuesto, el ingrediente principal de este cóctel es la violencia arrolladora, desmedida, ingente y desproporcionada. La misma con la que esperamos encontrarnos en una película de Hulk, un lugar común, ineludible e indispensable. Los escombros vuelan por los aires destrozando todo alrededor con una fuerza arrolladora durante cada una de las escenas de acción de la película. Hulk rompe todo, destruye, aplasta y se transforma con el correr de los minutos en la versión más decente realizada hasta el momento del personaje.
El resultado final es una equilibrada proporción de entretenimiento –para el público masivo- misturado con un guión respetuoso a la historia del personaje, un bálsamo para el fanático fundamentalista.

“The Incredible Hulk” propone entretenimiento sin límites y es a la vez una golosina para los amantes del cómic y la ciencia ficción. Una pena que las salas locales hayan optado por la versión doblada al castellano, procurando acaparar un público infante. Una prueba más, de que el género fantástico continúa siendo subestimado.