En la antesala del lanzamiento de esta, la primera película en solitario del Joker -o el Guasón, esa traducción que por estas pampas popularizó primero la serie de Batman de los 60 y luego la recordada versión de Jack Nicholson en la película de 1989- tanto su director Todd Phillips como Joaquin Phoenix cargaron sobre sus espaldas no solo el peso específico que supone trabajar sobre un personaje icónico para la cultura popular sino también, y quizás aún más, el de al menos equiparar su trabajo con versiones pretéritas de una enorme estatura interpretativa que además, contribuyeron a la constitución del desequilibrado payaso como el villano por antonomasia excediendo ampliamente su condición de "personaje de comics".
Y es que a la mencionada interpretación de Nicholson en "Batman" (1989) la sucedió un Heath Ledger extraordinario, según la mirada de Christopher Nolan en "The Dark Knight" (2008) Y si bien la encarnación de Jared Leto en "Suicide Squad" (2016) resultó apática, la mitología del personaje se mantuvo intacta.A esos pergaminos, Joaquin Phoenix ha sumado una actuación descomunal que quedará sin dudas en la historia del cine moderno. Y si bien no era una novedad la capacidad del actor, esta performance pareciera ser el cenit absoluto de su carrera. Phoenix construye a un Joker cuyo derrotero de víctima a victimario se desanda a lo largo de un guión de un mensaje corrosivamente político, que pone el acento en las consecuencias que las desigualdades de un sistema perverso tiene en las clases subalternas. Phillips utiliza como excusa la multiplicidad de problemas que en la ficción llevan al Joker a convertirse en un criminal sociópata para trazar un paralelismo sin demasiadas metáforas sobre las oportunidades que el sistema ofrece a pobres, enfermos, refugiados o excluidos por no responder a lo normativo.
Si el Joker de Heath Ledger, entonces, representó una metáfora sobre la confusión de los Estados Unidos frente al terrorismo, el de Phoenix emerge como una versión extrema del mártir social. Un símbolo de la desesperación, como la máscara de Guy Fawkes en "V for Vendetta", abrazado por los excluidos que extrapolan en su locura la desesperación de un contexto hostil que no ofrece ninguna oportunidad. Una aguda crítica social que difícilmente se encuentra en el cine mainstream de Hollywood por estos días.
Pero no solo la inspiradísima actuación de Phoenix o el enorme guión de Todd Phillips hacen de Joker un clásico instantáneo. La cinta cuenta con una fotografía y ambientación de una inspiración notable. Gotham City exuda desesperanza incluso en sus rincones más luminosos. En ese afán parece extirpada de las viñetas de David Mazzucchelli, así como algunos diálogos remiten directamente al Alan Moore de "The Killing Joke", dejando en claro que el director hizo sus deberes concienzudamente, como quien sabe que tiene entre sus manos un diamante difícil de equiparar.
"Joker" lleva el cine basado en cómics (ya no a ese subgénero llamado “de superhéroes”) a otro nivel. Lo redefine completamente y deja en claro cuáles son las posibilidades reales al momento de adaptar a la pantalla grande una historia o personaje surgido de un medio largamente desestimado como el cómic.
En ese sentido, puede ponerse a la altura de novelas gráficas como “Watchmen” que modificaron por completo la manera que el público en general, la crítica especializada e incluso los ámbitos académicos percibieron a la historieta. Es una película que modificará radicalmente la manera de hacer un tipo de cine que desde hace más de una década fue estandarizado, principalmente, por el Universo Marvel, lo cual es una noticia a festejar tanto por los amantes del cine como de un medio de expresión artística tan noble como la historieta.
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lunes, 7 de octubre de 2019
miércoles, 15 de abril de 2009
¿Quién dirige a los directores?

El trabajo argumental corrosivamente político, narrativamente estupendo y rico intertextualmente, encontraba en Gibbons el aliado perfecto, un dibujante soberbio que ensalzaba con sus trazos la profundidad asombrosa a la que Moore sometía a sus personajes. Es por eso que Watchmen es, ante todo, un cómic maravilloso, que me atrevo a recomendar y a colocar entre las principales obras realizadas para ese medio de expresión artística.
La adaptación de Watchmen al cine, llegó tras un sinfín de desacuerdos, con trabas legales de por medio que demoraron una película muy esperada por los fanáticos y fueron el presagio de un largometraje que no hace honor ni por asomo a la obra original. Incluso el mismísimo Alan Moore se negó a aparecer en los créditos (al igual que con “V de Vendetta”, también de su autoría) antagónico radical a la ideología hollywoodense y detractor del trabajo del director Zack Snyder, a quien desmembró por su trabajo en “
Pero lo cierto es que la película, para bien o para mal, se hizo. Y los presagios de que un trabajo de tal complejidad era imposible de adaptar a la pantalla grande parecen haberse cumplido. Si bien la historia no sufre mutilaciones, la película desperdicia torpemente pasajes maravillosos de la historieta, con gestos de un mal gusto notable que responden a una necesidad bastante estúpida de congeniar con el fanático acérrimo y con el espectador ocasional. El resultado es tibio. Esa tendencia de alinearse con dios y con el diablo termina dando tumbos en un terreno endeble, donde el concepto primario de Moore no se refleja más que como un tenue resplandor.
La trama propone una historia con varios protagonistas. Personajes que al mismo tiempo, representan un mundo por si mismos. Dotados de un carisma riquísimo, cada uno de ellos son engranajes indispensables de una maquinaria pensada rigurosamente. En la práctica audiovisual Snyder consigue caracterizaciones muy logradas en algunos casos, y otras que caen bajo el peso de las falencias interpretativas de sus actores.
Los puntos más altos son Rorschach, un sociópata oscuro, huraño y de moral adamantina cuya caracterización es fabulosa tanto por el parecido físico del héroe enmascarado y su alter ego como por la gran actuación de Jackie Earle Haley; y el Dr. Manhattan, un ser sobrenatural, apolíneo y omnipotente y el único héroe con superpoderes de toda la historia. El Comediante es también uno de los personajes destacados, principalmente por su caracterización y la capacidad de los vestuaristas y maquilladores de mutar su aspecto a través de las décadas, en los constantes flashbacks que acompañan el argumento. Malin Ackerman demostró por qué es una exitosa modelo. Su descenso de las pasarelas permitió vislumbrar a una actriz de muy poca ductilidad para interpretar a una Silk Spectre con pasajes que en ningún momento lograron ser cubiertos con las dos o tres expresiones que la espigada sueca fue capaz de realizar. Por su parte, el Búho Nocturno poco se parece al héroe rechoncho que camina las viñetas del cómic, en este caso, Snyder apuesta por un verdadero héroe de acción, con un traje a la medida de las exigencias de la pantalla grande, que por impactante, no deja de desvirtuar la idea de Alan Moore. Ozymandias se muestra siniestro y oscuro desde su primera aparición, situación que si bien le resta incertidumbre a la resolución de la película, al menos hace más interesante a una interpretación vacua, flácida y de una frivolidad exasperante.
Los momentos del cómic surgen concatenados con cierta fidelidad, con algunas licencias que son aceptables y otras inadmisibles. La constante necesidad de hacer hincapié en temas que son tratados con sutileza en la historieta, revelan el mal gusto de un guionista empecinado en hacer de una disfunción sexual una suerte de epifanía religiosa, repitiéndola una y otra vez como un adolescente que acaba de descubrir la voluptuosidad y la busca terco y empecinado en saciar sus instintos más primitivos. Pero la herida más profunda que posee la película como adaptación, es la modificación arbitraria del final de la historia. Si bien la situación es prácticamente la misma, el concepto se pierde detrás de cambios que están lejos de ser detalles. Anular la idea de una “amenaza exterior” que unifique la tierra para luchar contra un mal común, para reemplazarla por una catástrofe nuclear que genere empatía y solidaridad entre naciones divididas política e ideológicamente, es una utopía mucho menos creíble que la que propone Moore en la historieta.
La cinta gana algunos puntos desde lo visual, con una ambientación bien trabajada y la correcta reconstrucción de los escenarios dibujados por Gibbons, sin embargo, por momentos los efectos especiales dan la sensación de que podrían haber sido mejor trabajados, sobre todo durante el exilio del Dr. Manhattan en Marte. Nobleza obliga, son esos mismos efectos los encargados de dar vida a postales maravillosas, como la nave del Búho Nocturno emergiendo de las profundidades, o la fortaleza antártica de Ozymandias, delicias visuales para retinas ávidas.
Snyder reproduce algunas viñetas del comic como en una fotocopia, lo cual también es una experiencia visual agradable, especialmente en los tramos iniciales de la película. Sin embargo, esa tendencia comienza a desaparecer con el correr de los minutos, desembocando en un callejón sin salida al nos llevan los caprichos estéticos de un director cuya debilidad parecieran ser las coreografías pretenciosas y que por momentos se olvida que Watchmen es muchas cosas, menos una película de acción.
que llame a la reflexión o una obra compleja y comprometida. Sin embargo, quienes conocen la novela gráfica, probablemente noten que Watchmen, la película, es el corolario de un acto fallido conocido con antelación.
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