martes, 23 de septiembre de 2008

La grasa y la gracia

No sólo la primavera comienza el 21 de septiembre. En esta fecha también nos planteamos un tácito interrogante. ¿Ser o no ser?. Es cierto que tal vez sea un cuestionamiento sin tanta fuerza aún pero es directamente proporcional con el calor, eso seguro. Comienza la era en la que los helados y las tortas cobran autonomía, y parecen poseer imanes que atraen a descuidados transeúntes directo a los mostradores. Y de ahí sin escalas a ávidos estómagos, claro.

El rollo insurrecto lucha con ferocidad animal para escapar de esa presión carcelaria que le impone un cinturón cada vez más corto, y espía temeroso una televisión que publicita con total impunidad recursos que atentan contra su existencia. Y así se suceden como en un bizarro desfile estrafalarios aparatos de gimnasia y brebajes paracelsianos. Aun estamos a tiempo, pero el sol aparecerá al fin y cuando lo haga hemos de estar preparados. Si pudiésemos detener la traslación terráquea lo haríamos. Cualquier cosa para escondernos fofos.

El gordicidio parece inminente y la única manera de escapar está al alcance de nuestro control remoto. Corra las migas y repase las instrucciones. Los femíneos cuerpos torneados se revelan al mundo, provocando profusos sentimientos lascivos en una parcialidad masculina que limpia la saliva con una mano mientras inspecciona lo que el invierno hizo de su abdomen con la otra. El verano invita a sus playas, a gozar de la vida diet y del dedo acusador de las espigadas señoritas que, alarmadas de nuestras carnes correrán a reírse al resguardo de sus sombrillas, porque claro, en este país nadie discrimina a los gordos, por lo menos no evidentemente.

La travesía obesa de cada día, una estructura social pensada para gente light dispara inclemente exhortaciones de liposucción, mientras traga anfetaminas recetadas. El sebo canta su réquiem y para celebrar le entra sin piedad a los hidratos de carbono... la naturaleza es más fuerte. Y así los gordos caminan sobre emplazamientos pensados para flacos y enumeran con dedos rollizos las posibilidades de acción en la urbe. El envase se niega a cambiar y con él somos siameses, entonces allá vamos, atados a una sensibilidad que no tiene peso pero que reconoce figuras voluptuosas. ¿Servirán las grasas de escudo cuando recibamos una vez más el despiadado embate de la dama a la que cordialmente invitamos a bailar? Al fin y al cabo, es paradójico que ella se ría de mis lardos mientras ostenta orgullosa su prominente par de siliconas, hija del botox o del cirujano de turno, pero socialmente correcta. La incongruencia pringosa que le dicen.

Y al enésimo rechazo el pudor ya se presenta. Saluda cordial y advierte que ha llegado para quedarse. Como un denso pariente lejano al que debemos un favor que esperábamos no pagar. Con él pasaremos el resto de nuestra vida obesa, hostigados por los mismos que afirman sin temor a la cursilería que lo importante es lo de adentro, mientras preparan el yogurt descremado “¡Porque después del gimnasio me da un hambre!”

Y así la vida del gordo continúa postres adelante, ayuna de toda certeza... por no hablar del desayuno.

martes, 16 de septiembre de 2008

Dos años sin Jorge Julio López

Por Silvio Pratto
Para Diario Panorama

El próximo 18 de septiembre se cumplirán dos años de la desaparición de Jorge Julio López, un testigo clave en la causa por delitos de lesa humanidad contra el represor Miguel Etchecolatz. La abogada querellante Guadalupe Godoy, informó a Diario Panorama que durante esa jornada se realizarán movilizaciones en distintos puntos del país y expresó conceptos en torno a un caso que continúa impune.

La Dra. Guadalupe Godoy fue una de las profesionales que alegó para que se dictamine que los crímenes de lesa humanidad cometidos por Etchecolatz, tuvieron lugar en el marco de un genocidio. Asimismo, la profesional respaldó a Jorge Julio López para que atestigüe en contra del represor.

A dos años de la misteriosa desaparición de quien fuera una pieza clave en el proceso judicial, la abogada arrojó conceptos sobre un hecho que conmocionó a la opinión publica, por tratarse de la desaparición de una persona en democracia, con el agravante de que la misma era un testigo insustituible en la causa por delitos de lesa humanidad que se realizaba en contra del ex Director General de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

Godoy manifestó que el deseo de la familia del desaparecido, así como de la querella continúa siendo “la investigación de sectores que tienen que ver con fuerzas de seguridad y militares que puedan estar involucrados en el secuestro y desaparición de López. Sin embargo nos hemos encontrado con una oposición cerrada por parte del Poder Judicial a investigar en estas líneas. Durante un año y medio la investigación la dirigió la policía bonaerense, que no siguió esos lineamientos, guiándose por llamados anónimos o cualquier hecho que pudiera desviar la atención para encontrar a los responsables del secuestro”.

La conexión Etchecolatz

Jorge Julio López ya había sido detenido ilegalmente por el gobierno de facto. Desde 1976 hasta 1979, estuvo secuestrado sin que se le realice un juicio previo, en un centro de detención clandestino de la provincia de Buenos Aires. En ese entonces Miguel Etchecolatz era Director de Investigaciones y encargado de uno de esos centros.

El testimonio de López involucraba al menos a 62 militares y policías, y permitió que Etchecolatz fuera condenado a cadena perpetua por los crímenes cometidos. Sin embargo, tras la condena del represor, el ex militante peronista desapareció en la ciudad de La Plata, el 18 de septiembre de 2006.

Para Godoy, “la relación con Miguel Etchecolatz está dada por el día y el momento de su desaparición. Nadie cree en las casualidades. Todo lo que tiene que ver con su ausencia se analiza en torno con los delitos por lesa humanidad. Como se avanza después de eso es muy difícil, pero se pudo comprobar que en Marcos Paz tenían privilegios que se mantenían aun sabiendo lo que había pasado con López”, detalló la abogada.

Durante su relató la profesional aseguró que el servicio penitenciario permitía que los reclusos tuvieran líneas telefónicas de comunicación con el exterior, que no estaban declaradas como tales frente al juzgado. Asimismo, el control que debía haber sobre los llamados era nulo. “Cuando se hicieron los allanamientos se descubrió que había dos líneas que no están registradas como propias del servicio penitenciario, además de acceso a Internet, celulares, notebooks y demás. Todo esto no sería de temer si fuesen los derechos que tiene cualquier preso común, pero como no funciona de esta manera quiere decir que quienes custodian a los allí alojados mantienen con ellos un vínculo que les permite acceder a este tipo de beneficios. Se comprobó además que las visitas no tenían ningún tipo de registro, ni siquiera los números de documentos. Lo grave que tiene esto es que viene de la mano con gente que esta detenida aguardando juicios por delitos de lesa humanidad y que a la vez figura legalmente como propietarios de empresa de seguridad privada de la provincia de seguridad privada, permitiendo que represores tengan poder sobre personas armadas no ha tenido solución hasta el día de la fecha”.

Arslanian y el papel del Gobierno

Al producirse la desaparición de Jorge Julio López, el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, era León Arslanian. La relación del funcionario con quienes buscaban la resolución del caso fue siempre confusa y turbulenta, llegándose a producir declaraciones cruzadas a través de los medios de comunicación. Godoy manifestó también que algunas maniobras del ministerio de Justicia de la Nación fueron erróneas –principalmente las relacionadas con el escándalo provocado tras el allanamiento el penal de Marcos Paz.

“Escuchar las opiniones de Arslanian fueron ofensivas. Especuló sobre donde estaría López en este momento, como si fuese un observador externo y sin hacer una autocrítica sobre cual fue el rol que el cumplió en el primer año de investigación. Cuando se retiró de la función pública dijo que en pocos días iban a haber novedades buenas y que él era optimista. Esa fue su manera de deslindarse de las responsabilidades en la causa. Plantear lo que planteó ahora genera la impresión de ser clausurante, de dar la idea de que es un caso cerrado e impune. Cuando se le planteó la necesidad de que la policía de Buenos Aires no era la fuerza indicada para llevar a cabo la investigación, respondió que no se debía confrontar porque sino estaba en juego la gobernabilidad de esa fuerza. Obviamente en el análisis político de muchos, esa idea pesó mucho más y creemos que a partir de allí surge la impunidad que llevamos en estos dos años”, sentenció la profesional.

Finalmente, Godoy aseguró que las exigencias que realizan quienes buscan el esclarecimiento del caso “no tienen un final hasta bien no haya una certeza de lo que pasó con López y quienes son los responsables de su secuestro y desaparición. Las medidas que se pidieron en la causa (sobre grupos que pueden haber querido impedir la continuidad de los juicios) todavía no se han dado. Las respuestas la tendrán que dar el Poder Judicial y un Gobierno que proclama una política de Derechos Humanos pero no ha hecho efectivo ese discurso”

El próximo 18 habra movilizaciones en varios puntos del país. En la ciudad de La Plata –donde se produjo la desaparición- habrá actividades durante toda la jornada, que concluirán en una marcha que será numerosa. Otra movilización se realizará en la Capital Federal desde Congreso hasta Plaza de Mayo. Otras manifestaciones tendrán lugar en Rosario y Mar del Plata, todas con el pedido de justicia como bastión inalterable.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Matemática a marzo

Tengo que confesarlo: soy un eterno mártir de las ciencias exactas. Durante mi estadía en el colegio secundario, he urdido innumerables excusas para escapar de las clases de matemática, física y química, yugos semanales a los que era sometido por profesores impiadosos, que no dejaban escapar una oportunidad de hacerme pasar al pizarrón para humillarme ante una clase que se deleitaba con mi ignorancia aritmética. La tabla del 6 fue el tope de mis capacidades numéricas y la solidaridad de compañeros talentosos en esos avatares (y en los de dictar durante los exámenes) el salvoconducto que me permitió terminar el colegio secundario sin adeudar materias que el tiempo transformó en un karma ineludible.

Y claro, el carácter indispensable de las ciencias exactas en este plano de la existencia, hace que su utilidad misma pueda ser aplicada hasta en el cine. Ejemplos hay miles y guiones por montones, pero el más reciente es el de “Los Crímenes de Oxford”, flamante película del español Alex de la Iglesia, realizada en base a la novela “Crímenes Imperceptibles” del argentino Guillermo Martínez, un matemático devenido en escritor que respiró el añejo aire inglés de esa ciudad, lugar donde consiguió uno de los doctorados que engrosan su currículum.

De la Iglesia sale airoso de una incursión arriesgada por partida doble. Primero, al generar un guión exento de errores flagrantes, donde el más nimio fallo generaría un efecto bola de nieve, extirpando todo el sentido a una cinta donde la lógica se erige como principio fundamental e ineludible. Y segundo al no apoyar todas las esperanzas de largometraje en la historia de nuestro compatriota, sino realizando un trabajo interesante desde lo estético, con planos que buscan salir de lo usual con éxito, aunque no llegan a ser completamente novedosos.

El reparto tiene como protagonistas salientes al multifacético John Hurt y al insoportable Elijah Wood. Ambos conforman una dupla alumno/profesor no demasiado interesante, cuyo carisma cae bajo los irascibles rostros de confusión del joven actor. No quiero ser injusto, pero ¿alguien en este bendito planeta le cree a Elijah Wood? Es decir, alguien que no sea un fanático acérrimo de la trilogía de los anillos. A mí particularmente, su extensa trayectoria no me resulta un fundamento lo suficientemente sólido para sostener su endeble talento actoral. Es un tipo con suerte, eso hay que reconocerlo. Con un rostro de inexpresividad supina que nada debe envidiarle a Nicholas Cage, ha logrado participar en un par de muy buenas películas (Sin City, Back To The Future II) e incluso huir al encasillamiento que podría haberle valido ser Frodo Bolsón en El Señor de los Anillos. Claro, mi paciencia se terminó con esta cinta, Elijah es muchas cosas, pero… ¿un galán?. Hubiese preferido que su talento ficticio se haya limitado a cierta virtud con los números, y no a la segregación masiva de feromonas.

Y si hay un galán -aunque en este caso sea Frodo- debe necesariamente haber féminas (al menos en los largometrajes occidentales). Ese papel es curiosamente, también de un binomio. Leonor Watling y Julie Cox son las actrices de turno, adornando la pantalla no sólo con su belleza indiscutible, sino también con actuaciones convincentes que encajan perfectamente con la tónica de la película.

De la Iglesia logra darle a la cinta un estilo misturado entre el cine negro norteamericano y los lugares comunes de las historias de Sherlock Holmes. Misterio y lógica se equilibran llevando el guión con soltura y manteniendo el interés de un espectador necesariamente activo. Una cinta recomendable, que no es indispensable se vea exclusivamente en el cine y que puede resultar gratificante aún para quienes, como yo, los números son una tortura indescriptible.

lunes, 21 de julio de 2008

La historia sin fin

Me pregunto quienes esperaban más esta segunda versión de Christopher Nolan al frente de Batman. Si los fanáticos enfermos –entre los que suscribo- o un público indiferente a la actividad superheroica en la pantalla grande, con su morbo famélico desde que en enero se descubrió el cuerpo sin vida de Heath Ledger, el as bajo la manga de esta nueva historia.

La pregunta es retórica. Si de especular se trata, podríamos tejer elucubraciones hasta el infinito sin que eso cobre ninguna importancia. En este espacio vamos a pararnos desde el lugar de los fanáticos, de quienes esperaban con esta película, un largometraje que al fin y después de tantos intentos fallidos, esté a la altura del personaje.

Y, como fiel y constante lector de historietas -un género al que siempre se miró con escepticismo- debo admitir que no esperaba, ni en el idealista de mis sueños, toparme con una producción como esta. Sabía que el dinero estaba, esperando inmutable en las bien nutridas arcas hollywoodenses, esperando ser utilizado como un recurso para alimentar el séptimo arte. Sin embargo, después de haberme topado con las versiones porno gay suavizadas realizadas por Joel Schumacher (es difícil que los fanáticos de Batman nos olvidemos de los pezones en los batitrajes, o de situaciones como Bruce Wayne ofreciéndole desesperado una moto a Richard Grayson para que no lo abandone) o de bodrios insoportables como la tercera parte de Spiderman, esa esperanza yacía agonizante bajo un sepulcro pesado e inamovible.

Claro, la expectativa puede ser directamente proporcional a la desilusión. Y vaya que esta película había generado ansiedad. Sin embargo, uno se deja llevar por la cinta y las casi dos horas y media de filmación transcurren con una celeridad inusitada, sin baches en su argumento ni situaciones que hagan fruncir el ceño, conducidas con maestría por el verdadero protagonista de la película: El Joker de Heath Ledger. El viejo y querido personaje es al fin ese que todos queríamos ver, el payaso psicópata, oscuro, temerario, demente y asesino que cobra vida en los comics. El mismo que asesinó a Robin, dejó parapléjica a Batgirl y le vendió el alma al diablo a cambio de una caja de habanos cubanos. Ahí está, en la pantalla grande, esbozando una mueca enferma iluminada por el fulgor de la explosiones, anticipando que será muy difícil encontrarle un reemplazante y echando por tierra esas voces (entre las que sonaban la mía) que defendían a ultranza a Jack Nicholson, como único e indiscutible "Guasón".

Batman perdió cualquier derecho de propiedad sobre la película. El Joker se la arrebató. Fiel a su estilo, con el caos como único fundamento y la locura como principal móvil. Dándole sentido a la existencia del murciélago y a la suya misma. Esa es la historia sin fin. La de Batman, la del Joker, némesis eternos, hermanos siameses separados al nacer, las dos caras de una moneda macabra, pilares de una de las historias más esplendidas erigida por la cultura de masas.

¡Ah! Por cierto, Christian Bale encarnando al murciélago se consolida, y las apariciones de actores como el interminable Gary Oldman, la siempre correcta Maggie Gyllenhaal y el sorpresivo Aaron Eckhart son loables. La película merece ser vista, pues dudo haya un largometraje igual protagonizado por personajes superheroicos en mucho tiempo. Pero eso es ripio, el Joker es el verdadero comodín.

lunes, 7 de julio de 2008

Batman: El Culto (o cómo torturar a un superhéroe)


Siempre pensé que los personajes que leí durante toda mi vida, no se me parecen en lo más mínimo. Batman es uno de ellos. Lejos de una conducta adamantina y de un impulso frenético por hallar el bien a través del bien -cruzada utópica si las hay- mi temple está más ligado a la moral etrusca, de esas que hoy en día abundan.

No obstante déjenme admirar a Batman, si señores, yo admiro a Batman, ni Borges ni Cortázar, ni Mozart ni Stravinsky, ni Dalí o el Caravaggio. Es el señor de la noche quien me deslumbra, y me llena de perplejidad.

Explicarlo, es posible. Pero no voy a hacerlo, que esperanza.

He aquí una imagen de esas que me dejan sin aliento, he vuelto a verla después de un tiempo y realmente me sentí obnubilado con tanta belleza artística.

El artista es Bernie Wrightson, quien dibujó está página doble para el cómic "Batman: The Cult" que escribió Jim Starlin, otro prócer del noveno arte. En ella el murciélago es sometido a torturas que lo conducen a su estado más vulnerable. Con su cerebro lavado, el icono por antonomasia del héroe enmascarado, tan sólo desea huir tan lejos de sus captores como sea posible, para no regresar jamás.

La crítica destrozó la obra, para mí, es sencillamente maravillosa. Cada vez que puedan leer algo de Caballero de la Noche, bueno, yo no dejaría pasar la oportunidad.

lunes, 23 de junio de 2008

¡Rompan todo!

La editorial norteamericana de historietas Marvel Comics, continúa el camino que comenzó con Iron Man con una nueva versión de Hulk. Este sendero (que evidentemente conduce a un largometraje de The Avengers) parece no presentar baches considerables hasta el momento. Lejos de las paupérrimas producciones realizadas en torno a personajes de la editorial, las dos últimas películas son francamente esperanzadoras.

Empecemos por decir que esta nueva versión del gigante esmeralda es muy superior a su opaca predecesora de Ang Lee. Realizado íntegramente por ordenador, el personaje se muestra mucho más feroz, violento, oscuro, irascible, irracional y atractivo que la sosa versión anterior, de un verde manzana que hubiese sido más apropiado para el vestido de Betty Ross, que para un monstruo de dos metros movilizado por la ira.

Edward Norton es elegido en esta oportunidad para encarnar al siempre sufrido Dr. Bruce Banner. La elección, se sabía de antemano acertada. Norton es largamente reconocido por su versatilidad, esa misma que le permite interpretar desde un neo nazi fundamentalista (América X) hasta un joven con severos problemas psicomotrices (The Score). La interpretación del fugitivo científico, es aprobada con creces, y los fundamentos se basan exclusivamente en el talento del actor.

Junto a él, se encuentran un puñado de actores de extensa trayectoria hollywoodense. Liv Tyler interpreta a Betty Ross, con una belleza que opaca preocupantemente a la actriz (algo similar ocurrió con Jennifer Connely en la película anterior) y Tim Roth junto a William Hurt conforman el binomio de villanos de turno, ambos geniales, particularmente Roth quien da forma a un fanático militar ruso curiosamente mezclado en las tropas yankees, cuya obsesión por derrotar a Hulk vence cualquier atisbo de racionalidad posible, transformándolo en La Abominación, clásico personaje que en las historietas de la bestia verde repartió sopapos a diestra y siniestra, y que finalmente llegó al cine en un acto de extrema justicia.

La cinta está plagada de guiños para los fanáticos. Desde la clásica aparición de Stan Lee, pasando por detalles más finos como la negativa de Edward Norton a utilizar el clásico pantalón violeta (el mismo que Hulk utilizó en los cómics de la década del 60) o un pequeño papel interpretado por el mítico Lou Ferrigno, el mismo que pintado completamente de verde, encarnaba al coloso esmeralda en la recordada serie televisiva, a puro músculo y sin complementos digitales.

Y por supuesto, el ingrediente principal de este cóctel es la violencia arrolladora, desmedida, ingente y desproporcionada. La misma con la que esperamos encontrarnos en una película de Hulk, un lugar común, ineludible e indispensable. Los escombros vuelan por los aires destrozando todo alrededor con una fuerza arrolladora durante cada una de las escenas de acción de la película. Hulk rompe todo, destruye, aplasta y se transforma con el correr de los minutos en la versión más decente realizada hasta el momento del personaje.
El resultado final es una equilibrada proporción de entretenimiento –para el público masivo- misturado con un guión respetuoso a la historia del personaje, un bálsamo para el fanático fundamentalista.

“The Incredible Hulk” propone entretenimiento sin límites y es a la vez una golosina para los amantes del cómic y la ciencia ficción. Una pena que las salas locales hayan optado por la versión doblada al castellano, procurando acaparar un público infante. Una prueba más, de que el género fantástico continúa siendo subestimado.

lunes, 2 de junio de 2008

Albert King en el bar

Fragmento de "Páginas Ajenas" novela inconclusa de mi autoría

- Es Posible, puede lograrse... no es antinatural en absoluto – Dijo finalmente.

Me mantuve callado, impasible, con la certeza de que Adrián me lo diría todo. No había necesidad de indagar, él siempre me lo decía todo.

- Hace algunos años, cuando comencé a tomar clases de guitarra, ¿Te acordás? –Asentí con la cabeza. – Pues bien, quien era entonces mi profesor, no era sino un crío, uno de esos jóvenes virtuosos que de un día para otro se convierten en una suerte de enciclopedias musicales. Era un chico muy callado y cuando comenzábamos las clases no hablábamos sino de lo concerniente a la guitarra y mi aprendizaje, supongo que fue esa una de las razones por las que nunca aprendí a ejecutarla, ya sabes como soy, siempre intentando conocer a las personas, más aún cuando se trata de personas peculiares, como lo era este muchacho. – Llevó su cigarrillo a la boca y aspiró una profunda bocanada de humo, se detuvo pensativo nuevamente blandiendo la luciérnaga frente a mis ojos. - ¿Te has dado cuenta como quien ejecutaba su guitarra el músico de hace un momento, cual era su estilo? – Me pregunto.

No sin cierta vanidad, y jactándome de mis conocimientos de música respondí, sin abandonar mi expresión casi soberbia.

- Albert King –

- ¡Albert King! – Respondió Adrián dejando escapar una sonora carcajada al unísono que con su mano derecha golpeaba la mesa, sacudiendo el whisky en los vasos. – Así es, como Albert King – Repitió sin dejar de reír.

Esperé que su excitación se esfumara, con la plena seguridad de que el relato continuaría camino adelante. Dejé que Adrián riera, como quien abona el terreno de lo que vendrá. Bebió de una vez el contenido de su vaso, frunció la nariz al momento que el dorado liquido atravesaba su garganta y continuó.

- Una tarde llegué a la casa que el joven compartía con otros amigos, también músicos presumo, y observé algo muy curioso. La puerta de la casa se encontraba abierta de par en par, y dentro de ella mi inmensamente extraño profesor, con el torso desnudo y una barba de tres días, luchaba con un televisor lo suficientemente grande como para causar problemas a quien intente cargarlo, me detuve en el umbral de la puerta mirando aquella escena e intentando comprender que demonios intentaba hacer aquel cristiano, cuando finalmente comprendí que estaba poniendo el televisor al revés, patas arriba como dicen algunos, sobre la mesa. – Aspiró la última bocanada y apagó el cigarrillo en el cenicero metálico, exhaló una nube espesa de humo y prosiguió. – Cuando colocó finalmente el televisor la posición deseada, se apoyó sobre la mesa lanzando sonoros resoplidos y cubierto de sudor, el trabajo lo había dejado exhausto, fue entonces cuando reparó en mi presencia, y sin dejar su cómoda posición, hizo un ademán con la cabeza indicándome que entrara. Así lo hice, y me senté en el sillón como siempre, pero sin dejar de prestar atención en lo que el muchacho hacía... comenzó a conectar no sin cierta dificultad una video casetera, y cuando terminó, introdujo un video en muy mal estado en la misma. El televisor reprodujo obediente las imágenes, las cuales, a menos que sepas mantenerte parado sobre manos, no entenderías en absoluto puesto que estaban dadas vueltas, completamente al revés, y al cabo de algunos segundos pude darme cuenta que se trataba de un recital de Albert King, ahí estaba, soberbio sobre el escenario con su clásica Gibson reposando sobre sus manos, y atrapando notas en el aire con su mano izquierda. Ya sabes que era zurdo para tocar, como Hendrix, pero con la diferencia de que Albert no cambiaba el orden de las cuerdas, simplemente se limitaba a tocar con una guitarra pensada para diestros, tomándola de manera inversa, es así que las notas convencionales, las hacía de una manera para nada familiar para el músico diestro. El joven trajo su guitarra y se posó frente a la pantalla del televisor, y tras algo así como quince minutos, que para mí pasaron como si de segundos se tratara, se levantó hecho una furia, insultando al aire y apagando el televisor con tanta brusquedad que este casi cae de la pequeña mesa de madera.

Adrián ya no pudo contener la risa e hizo sonar en el lugar la tercera carcajada de la noche, esta vez no pude evitarlo y algunas pequeñas risotadas también se escaparon entre mis labios, que mordía con inclemencia para evitar reírme con todas mis fuerzas.

- Se acerco a mí agitando los brazos en el aire, y gritando que lo que Albert King hacía no era natural, que no era posible que todo lo que un guitarrista convencionalmente hacía con su instrumento, él lo realizara exactamente al revés, ¿Comprendes? Cualquiera que conozca a Albert King, sabe que no sólo tocaba con las cuerdas invertidas, sino que estiraba las cuerdas hacia abajo. – Comenzó a reír sonoramente una vez más - ¿Te das cuenta? ¡No se trataba sino de una suerte de desilusión amorosa musical! ¡Había dado vuelta el televisor no solo para mejor comprender la técnica de Albert King, sino para robarle las notas, y ante la impotencia de no poder hacerlo, comenzó a despotricar contra aquel genio de la música como si del culpable de todos sus males se tratara!.

Esta vez dejé escapar mis risas a todo vapor, uniéndolas con las de mi amigo en un coro hilarante que una vez más llamó la atención de la gente del lugar. Era fantástico creerse solos, era algo que nos pasaba a menudo, y de lo que no caíamos en cuenta sino hasta reparar en las miradas hostiles de nuestros vecinos de mesa.

- El joven que tocó su guitarra hace unos momentos- Dijo Adrián señalando con su índice el escenario ahora vacío. – Tocó con esplendor, lo hizo, salvando las diferencias, como lo hubiera hecho Albert King, y estoy seguro que no tuvo necesidad de dar vuelta el televisor. – Dijo dejando de lado cualquier comicidad y tomando un semblante serio e inquietante – Lo que Albert King hacía, se llamaba genialidad. Nada de eso es “antinatural” pero como vos sabrás con certeza mi querido amigo, es una constante en las personas escandalizarse de aquello que no comprenden, de lo que la naturaleza otorga a ciertos privilegiados como un don, para ser apreciado como tal y que sin embargo es pisoteado por aquellos imbéciles que no tienen la suficiente capacidad neuronal par interpretarlo. A lo largo de la historia, en diferentes ordenes claro está, podemos ver estas escenas repetidas. Ahora, movilizada por la desilusión de un joven músico que por no poder ejecutar lo que no está a su alcance, despotrica contra ello.-

Un silencio se adueño de nuestro diálogo durante algunos segundos. Finalmente pregunté. – Sin embargo, aquel muchacho adoraba a Albert King. ¿No es así? –

- Tanto peor – Repuso con firmeza Adrián. – Eso entonces, mi querido amigo, es para mí el repugnante de los siete pecados. Y envidia es su nombre. -