
Dont look up in the sky, you`re gonna die of fright
Here comes the razors edge”
"The Razor`s Edge" – AC/DC
Here comes the razors edge”
"The Razor`s Edge" – AC/DC
Creo que a esta altura todos los fanáticos aprobaron a Jackman como Wolverine. El australiano logró, a lo largo de la trilogía X-Men convertirse en el carismático personaje de los comics, centrando la atención del público sobre su figura, a tal punto, que el primer “X-Men Origins” está, lógicamente, dedicado a él. Y es que más allá de una cuestión de marketing (Wolverine es uno de los personajes más populares entre los consumidores de historietas, al nivel incluso de Spiderman o Batman) la interpretación del mutante con garras fue de las más destacadas en las películas pretéritas. Eso, y una visión comercial destacable dieron como resultado la que es, junto con X-Men 2, quizás la mejor obra del universo mutante llevada a la pantalla grande hasta el momento.
La cinta propone y el espectador acepta. Con un guión vertiginoso y plagado de escenas de acción, que generan una idea general del origen del personaje -del que hasta hace pocos años se sabía sólo por un par de (muy buenos) comics- la dupla de guionistas compuesta por David Benioff y Skip Woods lleva adelante los primeros días del mutante, matizando la trama con la aparición de una avalancha de personajes, algunos mejor logrados que otros, pero que da gusto ver en la pantalla grande. El director Gavin Hood sigue al pie de la letra las directivas del manual de instrucciones. No pierde demasiado tiempo en la infancia de Wolverine y no torna tediosos los pasajes que relatan su vida “normal” antes de convertirse en un hombre x. Va directamente a la acción, a las explosiones y la adrenalina, al impacto, conciente que tiene entre sus manos un material inestable a punto de estallar, y que debe sacar provecho de eso.
Liev Schreiber interpreta a un Sabretooth que termina siendo (muy a pesar de los fanáticos que renegaron de su pelo corto y aspecto humanizado) un personaje destacable y a la altura de las circunstancias; un asesino que no sólo impacta por sus garras y colmillos sino por su radical falta de empatía y su brutal sadismo. Su relación con Wolverine atrae la atención del espectador, que encuentra entre estos supuestos hermanos una historia aparte y por demás atractiva.
Los realizadores se toman algunas licencias con el aspecto y la esencia de los otros personajes. No es el caso de Gambit (uno de los personajes más reclamados por los seguidores de la saga) o el globuloso Blob, quienes tienen un aspecto muy bueno, pero si del Agent Zero y sobre todo, de Deadpool. El hilarante mutante mercenario es utilizado como un conejillo de indias para dar forma a un experimento amorfo cuyo único objetivo es generar una batalla digna con Wolverine y que insólitamente, tiene su boca sellada… justo el arma más peligrosa de un personaje, que de haber sido bien utilizado podría haberle sumado muchos puntos al largometraje.
Hacia el final de la película se evidencia lo que es quizás el punto más flaco de la producción. La necesidad ineludible de dejar un Wolverine amnésico, hace a los guionistas tropezar con el último escollo. Pero ese, es un detalle que no tiene incidencias irreparables en el resultado final.
En resumidas cuentas este nuevo emprendimiento de la Marvel (que ha demostrado que se pueden realizar muy buenas películas con superhéroes como personajes centrales, me remito a los últimos casos de Iron Man y Hulk) si bien no llega a ser una gran película, se transforma en un debut promisorio para las cintas que extenderán la saga mutante. “X-Men Origins: Wolverine” no tiene un tratamiento profundo desde lo argumentativo, pero si impactante desde lo visual. Los minutos transcurren céleres y la cinta en ningún momento se torna aburrida. Así, la saga mutante continúa adelante, sin demasiados brillos, pero con películas correctas… caminando sin pausa, siempre al filo de la navaja.